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Qué ¿el Hábito no Hace al Monje?: Veamos…

Enviado por Felix Larocca


  1. Nuestros temores primordiales en las eras prehistóricas
  2. Un presidente cualquiera
  3. Sin miedos básicos, para algunos, la religión y el poder político no existirían
  4. En resumen
  5. Explicaciones fatuas
  6. Bibliografía
  7. Apéndice

"Vale más castigar el inocente que perdonar el culpable…" Rafael Leónidas Trujillo Molina (1891-1961). Dictador dominicano.

"Por contraste, los políticos y los gobernantes del mundo actual, no se educan para gobernar. Y, algunos, ni tan siquiera, se instruyen de la manera más rudimentaria." FEFL en La Ciencia Política, la Genopolítica y la Genética

En otras lecciones he mencionado los mimetismos — psicológicos o exteriorizados — que forman parte de las defensas naturales contra peligros o predadores — reales o fingidos — que caracteriza a la nuestra, y a algunas otras especies.

El mimetismo sintomático — común en la histeria — se reconoce, asimismo, en los cuadros clínicos de la sífilis y en la enfermedad de Lyme. (Véase mi capítulo al respecto, La Enfermedad de Lyme: La nueva Gran Imitadora… en psikis.cl y en monografías.com).

En mis artículos acerca de la histeria y de la Personalidad Mimética, hago hincapié en las funciones de adaptación que nos confiere la habilidad de simular quienes no somos, y de pretender lo que queremos que otros piensen de nosotros.

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"Siervo de Dios" que miente, tortura y extermina a su gente sin remordimientos aparentes…

Vestirnos con atuendos especiales o vistosos, y afectar poderes sobrenaturales son el sello que caracteriza a todas las religiones organizadas que dependen en la sugestión para lograr sus objetivos. Las condecoraciones, los diplomas, las investiduras y las ceremonias aparatosas, son evidencia patentes, para quienes las valoran, de que quienes las ostentan, gozan de estado especial y de posición privilegiada, frente a nuestros semejantes y aún frente a los mismos dioses.

El origen de estas propensiones debe correr muy profundo en nuestras constituciones emocionales, porque de ellas encontramos evidencia aún en las tribus más apartadas y menos sofisticadas que habitan el planeta.

Es como si fuera un fenómeno inmanente.

Parece ser que una expresión del avance cultural de algunos grupos, es que, en lugar de simplificar tales ritos, haya sido hacerlos más complejos, convirtiéndolos en ceremonias y sistemas esotéricos que resultarían en la construcción de pirámides, estatuas, embalsames, monumentos y templos para deificar al hombre exaltado. Se hacía de esta manera, para lograr sus favores, para fomentar la superstición y la dependencia en ellos y para enriquecer el establecimiento constituido por la iglesia y el estado — siempre en búsqueda de connivencia acomodaticia.

Porque la religión y la política son asuntos de poder y dinero

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Ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe — Nombre oficial de la oficina actual de la Inquisición

La mujer histérica (casi siempre a esta condición se la relaciona con el sexo femenino), con sus expresiones de afectos irreprimibles, no estaba muy lejos, con sus comportamientos miméticos, de la propensión natural que poseemos — de confundirnos con, o de confundir a quienes nos rodean — para decepcionar a quienes tememos, o a quienes deseamos controlar.

Lo mismo que hace el camaleón…

Nuestros temores primordiales en las eras prehistóricas

Para lograr enjaezar, disminuir, tornar tolerables, influir, y racionalizar los afectos de miedos colectivos, que nos azotaban en ese pasado tan remoto, era necesario que algunos de los moradoras de nuestras tribus, se invistieran de cualidades mágicas y que se revistieran con atuendos apropiados para apelar a ese control emocional, y sugestión colectiva, que se conoce, a veces, como la superstición, otras veces como el vudú, y, más comúnmente, como la psicología de las masas. Porque el chaman, el sacerdote y el curandero han sido partes de nuestras vidas por la suma total de toda nuestra existencia, por todas las generaciones.

A ellos, los necesitamos, aunque, a menudo, no sepamos por qué, o qué bien nos hacen con sus ministraciones misteriosas…

No es extraño, por la misma razón, que el experimento insensato del patrañero y enfermizo, líder comunista chino, Mao Zedong, fallara, cuando tratase de imponer a los ejércitos de su China Marxista, el concepto de la formación de instituciones castrenses sin evidencia de rango, y carentes de la ostentación visible de toda autoridad. Los ejércitos chinos de entonces no exhibían los ornamentos de jerarquía que usualmente adornan los uniformes de los oficiales en comando en todas las instituciones castrenses del mundo.

Los resultados obtenidos de esta manera, fueron desastrosos, porque es indisputable, la noción de que, sin los efectos teátricos que les proporciona el uniforme, los oficiales de alto rango de cualquier ejército, son — simplemente… viejos… y, a veces, débiles… y lucen caducos — porque la mayoría de los generales, cuando llegan a esa jerarquía, ya no son efebos — a menos que fueran hijos de Trujillo o de Anastasio Somoza en el siglo pasado, o de al Assad o Kim Jong Il en este siglo.

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George C. Scott como el General George Patton en la película epónima

El ser humano, atávicamente — como sucede con el destino de otras especies — ha mostrado la necesidad de depender en el conocimiento, en la sabiduría instintiva, y en las direcciones que otros seres más versados, surgiendo de entre sus varios grupos, le proporcionaban para ajustar sus destinos y para encontrar sus metas. Ese propósito, a menudo, lo servían los ancianos de la tribu, dotados con la mayor experiencia. Y, que, estando próximos a la muerte, representaban menores riesgos de querer acaparar las mujeres jóvenes de la horda o de aferrarse al poder. (Véase, El Himeneo: Ceremonia tribal… ¿o trivial? en monografías.com, y, para leer más: http://www.monografias.com/trabajos72/membrana-himen-destino-mujer/membrana-himen-destino-mujer)

Desconociendo la gravedad de la responsabilidad que a algunos recae históricamente, muchas personas, generalmente de instintos políticos, adoptan la posición de asumir que ellos son los únicos quienes son capaces de formular sistemas de ideas y de creencias — a menudo errados — los cuales, si son adoptadas por la tribu, facilitarían la seguridad colectiva y la efectividad del proceso harmonioso de la vida comunal. Estas nociones, generalmente se basan en un fenómeno común el cual conocemos como "manipulando la credulidad del incauto". Esta simpleza del pensamiento puede que sea meramente de gobierno, como sucede en el caso del Marxismo-Comunista, o como pasa en el de los partidos políticos regionales. O puede que sea religiosa, como ocurre en la situación del Catolicismo o del Protestantismo, o — genuina, y profundamente espiritual — como sucede en las situaciones del chamanismo y el vudú.

Para lograr estos fines, y penosamente conscientes de las falibilidades propias, desde el principio de nuestras bregas tratando de descifrar los misterios inescrutables de nuestras existencias, nuestro género ha recurrido al uso de las vestimentas y de los disfraces para promover el prestigio, para certificar nuestros poderes y para reclamar la oportunidad de ser el profeta que orienta y dirige a los demás.

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La Corea del renacuajo…

Un presidente cualquiera

El "Presidente", quien entonces "gobernara" este país — cuando esta ponencia fuera publicada en forma diferente, por la vez primera, a fines del Siglo XX en la Revista Rumbo — era hombre con escasa presencia física y carente de vigor palmario. Individuo endeble que se ataviaba con la "Banda Presidencial" — símbolo del poder — cruzándole el pecho mientras que se rodeaba de militares relamidos con tantos , exuberantes y extravagantes, ornamentos que pareciera, como si de él nos dijesen: "ecce homo" ("¡mirad… he aquí el hombre!"). De esa manera, creaba la ilusión de la fuerza física y del señorío — atributos éstos que resultaran estar ostensible y patéticamente ausentes de su apariencia.

De igual manera, el Papa, el Arzobispo de Canterbury y sus prelados, lo mismo que otros representantes de muchas de las religiones organizadas, se disfrazan con vestimentas de oro brocadas, cuando se preparan a hacer apariencias públicas. Ceremonias éstas, durante las cuales, frecuentemente hacen pronunciamientos fogosos contra la pobreza — en la que tantos, y tantos, viven — e incitan — con sus palabras de retórica, con frecuencia, inconsecuentes — a que "erradiquemos" todas las miserias del mundo — mientras viven vidas de lujos inenarrables.

Miserias, las cuales, el susodicho Presidente a quien aludiéramos en párrafos anteriores, nos aseguraba que siempre existirán — por lo menos en su país — cuando nos decía [que]: "Pobres hay, y los habrá mientras el mundo exista"… Asunto éste que muchos creyeran que él causara con sus caprichos ilógicos en el manejo catastrófico del fisco. Lo último, evidenciado por secuelas que resaltaran, luego de completar obras irrelevantes, construidas ante la indiferencia de los ricos, muchos de ellos por él inventados, de los políticos locales, muchos de ellos por él ungidos, y de los llamados "prelados", muchos de ellos lacayos prósperos de la Religión del Estado.

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Travestismo

Pero, cuando las elecciones se aproximaban, y con éstas, la época cuando el rico, necesitando al pobre, y el político necesitando los votos, se lanzaban — muy a pesar de ellos — a las calles, en búsqueda de causas que adoptar y de entuertos que rectificar para ganar, o comprar, electores. En esta oportunidad, los candidatos, aprovechaban cualquier circunstancia para enaltecerse a sí mismos. Las lluvias torrenciales o el, anticipado y (aún) anhelado, desastre imprevisto, y entonces fortuito, para visitar a los indigentes, en sus barrios miserables, ofreciéndoles a todos quienes los habitan, promesas vacuas de alivio para las desventuras de sus existencias, hasta entonces ignoradas y por siempre desconocidas.

Cuando esto hicieran, llegaban a esos lugares, en sus vehículos lujosos y exonerados de impuestos, mientras que disimulaban sus náuseas — porque la visión del pobre, siempre les revuelve el estómago. Esto lo sé, porque mucho de entre ellos a mí, así me lo han confiado….

Los pobres, se pudiese esperar, que ya debieran de haber aprendido, porque, tantas veces lo han vivido, que el mejor candidato para ellos, es el que calla la boca y el que nada les promete. El pobre debe de reconocer, que nunca ha habido candidato pobre, en ninguna de las campañas electorales, en ningún país. Lo que sí es evidente y cierto, es el fenómeno de que todos los candidatos, donde quiera que vivan, se han enriquecido o se van a enriquecer con los despojos engendrados por sus accesos a contribuciones, muy a menudo dolosas, y por las promesas de privilegios hechas a muchos intereses creados, en expresión venal del famoso quid pro quo.

El pobre, también debe de recordar la experiencia de que ningún pobre ha vivido para ver sus miserias mejorar como resultado de la elección de candidato alguno.

No existe candidato bueno para el pobre. No. El pobre no está incluido entre los miembros de la élite substancial que se reparte las riquezas de algunos países latinoamericanos. Costumbre establecida, desde que los españoles lanzaran el genocidio del indio aborigen, que fueran exterminados — sistemáticamente y sin dejar traza — por "cortesía" de la Iglesia Católica, Apostólica, y Romana, en el nombre de "la evangelización" de América.

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Azucareros por Diego Rivera

¡Pobre Dios, de las muchas cosas injustas que algunos eclesiásticos cometen, y de las muchas mendacidades que muchos políticos pronuncian cuando invocan Tu Nombre sagrado!

Prosiguiendo

Todos quienes ambicionan asumir el solio presidencial, de casi todo país conocido, anticipan llegar — y así lo prometen — a la solución de problemas tan obvios, tan vergonzantes, y tan penosos como son las crisis perenne de la escasez de "alimentos esenciales", la ausencia crónica de la educación pública, la falta insidiosa de los recursos sociales, la merma ininterrumpida de la energía eléctrica y la ausencia perpetua de la higiene urbana.

Lo que nunca, al fin y al cabo, sucede.

Trágica y tradicionalmente, los políticos y sus adláteres — los prelados y sus partidarios, los brujos, de antaño reencarnados, los leedores de tazas de hoy y del pasado — los que nos quisieran seducir con sus palabras de "poderes", y quienes encuentran sus orígenes, indeleblemente incrustados en nuestros temores y ansiedades colectivas — reconocen el hecho triste, de que sin ornamentos y sin coronas, sin sombreros especiales, sin tiaras, sin símbolos mágicos, sin bandas presidenciales y sin poder invocar entidades invisibles, espirituales e intangibles. Que su relevancia, influencia y sus poderes aparentes, se reducirían a la desdicha del que nada tiene que pueda usar para impresionar. El proverbial "emperador desnudo" de la fábula. (Véase también, La Nueva dieta del New England Journal of Medicine… en psikis.cl y en monografías.com).

Sin miedos básicos, para algunos, la religión y el poder político no existirían

Por ello es que, los enmascarados, nos prometen eternidades de glorias celestiales (¡qué grandioso!) en trueque por nuestras "miserias temporales" (dicen ellos), resignadas, y silenciosas, al servicio de dioses quienes son ellos mismos, y dioses a quienes ellos afectan representar. Dioses, quienes, tal vez, ni tan siquiera existen en el más allá…

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"Rey de reyes"

Pues bien, amigos indigentes, cuando ustedes vean a su exaltado "poderoso/favorito" — quien quiera que éste sea — con el atuendo de su rango, recuerden, que su potestad deriva directamente de nosotros y que la sugestión que sus adornos proyectan, específicamente, proviene, de nuestros miedos primordiales.

Habiendo establecido esta realidad. Simplemente evítenlo y rehúsenle ofrecerle — si es que no lo merece — la reverencia, que de todos, ellos acostumbran a esperar.

Porque los pobres también son dignos de respeto… aunque este detalle, a ellos les repugne y les parezca inconcebible.

Ya que es una circunstancia evidente aquélla que nos alecciona de que, si al poderoso se le ignora, su magia se desvanece y su influencia se esfuma.

Sus debilidades necias, siendo expuestas, sus miedos primordiales emergen, sacudiéndoles en sus fundaciones propias. Porque algo, que para ellos, es muy aterrador, a la vez que fatal, es el pensamiento de que les remuevan el antifaz, o de que les despojen de sus vestimentas.

En este caso: Es el monje quien hace al hábito

En resumen

Cuando escribimos acerca del ser humano y de sus aptitudes adaptativas, usualmente hacemos hincapié en la existencia preordinada de muchas de esas cualidades, que por ser ingénitas, nos sirven para sobrevivir.

Similar al atributo adaptativo de nuestra capacidad innata de retener la energía consumida en exceso, y aumentar de peso — aunque sólo sea temporalmente — para perderlo después.

Pero, cuando un rasgo benéfico, como el que aquí mencionamos, se torna en una acumulación incontenible de adiposidades — resultante directo del consumo exagerado de comidas epicúreas — entonces lo que nos repercuten son problemas horrendos.

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La Monstrua Desnuda por Giovanni Francesco Romanelli (1610-1662)1

Cuando seleccionáramos a alguien de entre nuestros compañeros tribales para que nos librara del peligro, como los romanos hicieran cuando eligieran a Lucius Quinctius Cincinnatus (519-430 AEC) para que, abandonando el cultivo de sus tierras, encabezara los ejércitos del imperio, capitaneándolos a la victoria contra el invasor enemigo. Lo hacíamos motivados por la desesperación e incertidumbre del momento, que la tribu confrontaba.

Pero nunca estaríamos preparados, ni dispuestos, a ceder a esa figura "heroica" del minuto, nuestras vidas, libertades, propiedades, o destinos, como tantos de entre ellos creen que han asumido para siempre — y que defienden aún a la fuerza — si es lo requerido, para mantenerse en el poder eternamente.

Pero, a medida que lo inevitable, para los usurpadores del mando, es previsto — con el pasaje del tiempo y las limitaciones que acompañan la vejez — y cuando contemplan el fin ineluctable de sus vidas, como posibilidad próxima. El disfraz que adoptan, de inmortalidad ficticia, les sirve como intentona de remedio, para paliar sus angustias, a ellos, quienes se apropiaran del derecho y de los bienes colectivos. (Aquí recomendamos La personalidad mimética en psikis.cl y en monografías.com).

El ejemplo del que Cincinnatus y más recientemente, Mandela, fueran modelos extraordinarios, que pocos gobernantes han seguido, para el perjuicio de los pueblos que desgobiernan.

Explicaciones fatuas

En cuanto, a las nuevas disciplinas que tratan de explicar la herencia de las preferencias políticas y actitudes, es necesario repetir, que para la supervivencia, en el campo de la academia, es necesario, al menos, en los Estados Unidos, labrar un huerto donde nadie más pueda sembrar.

Muchas otras disciplinas emergerán, mientras tanto, James Fowler está interesado en la transmisión genopolítica del hábito de fumar, de la obesidad, como trastorno herédito-social, y, aún de la de la felicidad. (Para leer mas acera de este tópico: http://www.monografias.com/trabajos91/ciencia-politica-genopolitica-genetica/ciencia-politica-genopolitica-genetica).

Comprender la biología de nuestros comportamientos es asunto de la mayor importancia como anticipáramos en mi artículo La Genética del Comportamiento Humano… en psikis.cl y en monografías.com).

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Nelson Mandela: Líder entre líderes…

Nuestras enfermedades mentales son cuestiones de pensamientos y de cómo nos sentimos, lo que confirma la necesidad de entender sus raíces fundamentales.

En este respecto, los científicos continúan haciendo mucho progreso en la localización de los marcadores biológicos para la depresión, los trastornos de ansiedad, y la neurosis obsesivo-compulsiva.

Pero el progreso más impresionante que ha ocurrido en la psiquiatría en los últimos diez años tiene poco que ver con la genómica. Sino que consiste en las comprobaciones neurocientíficas de que ciertas formas de la psicoterapia son efectivas. Lo que a nosotros no nos sorprende.

Uno de los mayores descubrimientos en la biología del aprendizaje y la memoria, es el entendimiento de que la educación, la experiencia, y la interacción social afectan directamente la estructura del cerebro.

Cuando se aprende algo nuevo, y se recuerda por un tiempo extendido, es porque los genes prenden y apagan ciertas células específicas, resultando en el desarrollo de nuevos contactos sinápticos entre todas las neuronas del encéfalo.

Así es como evolucionamos…

En lo que a la psicoterapia respecta, el proceso es idéntico, y, cuando conduce a cambios durables del comportamiento, esto resulta en transformaciones anatómicas del cerebro. Estos cambios hoy se amplifican y se confirman por medio de la imaginería magnética.

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Donde resta nuestro futuro…

La propensión a disfrazarnos y a ocultar nuestras debilidades, tanto físicas como emocionales, están integradas firmemente en nuestro genoma. Sabiendo esto, lo que nos resta por hacer es lograr descifrar cómo éstas ocurren y cómo mejor aplicar estos conocimientos para nuestro bienestar colectivo y no para confundir, engañando a los demás, o para apropiarnos de sus bienes o del poder, como suelen hacer quienes son definidos por las vestimentas que lucen.

Fin de la lección.

Bibliografía

  • Freud, S: (1865) Totem & Taboo (The Standard Edition…)

  • Larocca, F: (2007) Los economistas y la economía de los gobiernos dominicanos: El Plexo Soliar del Candidato Presidencial Dominicano en monografías.com

  • Larocca, FEF: (2012) La Ciencia Política, la Genopolítica y la Genética… en monografías.com

  • Larocca, FEF (2011) La Membrana del Himen, y el Destino de la Mujer Gobernado por una Reliquia Evolutiva en monografías.com

  • Jung, C. G: (1981) The Archetypes and the Collective Unconscious Collected Works of C. G. Jung

  • Larocca, F: (2008) La sociobiología de la tristeza y la depresión según la Teoría de la Evolución: La Sonrisa de Dios en monografías.com

  • Larocca, F: (2009) Histeria, su Historia, las brujas de Salem, el holograma del inconsciente: El Exorcista revisitado…

Para más artículos relacionados a este tema por este mismo autor: /cgi-bin/search.cgi?query=trujillo%20larocca

Apéndice

(1) Es muy fácil reconocer un caso del síndrome de Prader Willi en el lienzo de Romanelli

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Recitar, vesti la giubba…

 

 

Autor:

Dr. Félix E.F. Larocca