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Abecedario 'G': Gordura como proceso interminable

Enviado por Felix Larocca


  1. La gordura: Sísifo y su condena retornados
  2. Entra en la escena Ethan Allen Sims
  3. Luxuskonsumption
  4. En resumen
  5. Bibliografía

"Freud, reconoció, durante su larga experiencia en el tratamiento psicoanalítico, que para el éxito terminante y para la duración del mismo no existían atajos, ya que debía de proseguir su curso ininterrumpido hasta su conclusión y resolución final.

"Freud, también habló a sus seguidores, de no alear el oro de ley del psicoanálisis con el oropel de otras formas de terapia.

"Quizás Freud, sin saberlo, cuando reflexionaba, tenía asimismo en sus pensamientos, el tratamiento de la obesidad." FEFL en La Gordura Terminable e Interminable: Los Métodos para Adelgazar y el Futuro de una Ilusión.

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Sísifo

La gordura: Sísifo y su condena retornados

Freud, reconoció, durante su larga experiencia en el tratamiento psicoanalítico, que para el éxito terminante y para la duración del mismo no existían atajos, ya que debía de proseguir su curso ininterrumpido hasta su conclusión y resolución final.

Freud, también habló a sus seguidores, de no alear el oro de ley del psicoanálisis con el oropel de otras formas de terapia.

Quizás Freud, sin saberlo, cuando reflexionaba, tenía asimismo en sus pensamientos, el tratamiento de la obesidad.

Mario

Muchos lo recordarán, porque lo he descrito en muchas de mis entradas acerca del tópico de la obesidad.

En el artículo acerca del órgano fantasma, expreso las siguientes ideas:

"¿Cómo es posible que mi paciente, Mario, a quien pesamos todas las mañanas, en un gesto impulsivo, consume seis galletitas Oreo y gana cuatro libras el día siguiente?"

Habiendo pesado las galletitas, determinamos que éstas no llegaban a las seis onzas.

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La némesis de Mario

Para explicar el incremento drástico del peso de Mario, puede reflexionarse que hay que añadirle el agua consumida para deglutirlas — entre otras cosas —mientras que, en justicia, hay que deducirle las eliminaciones urinarias y fecales cotidianas, el consumo calórico del metabolismo basal, y la sudoración y consumo energético pedaleando su bicicleta por una hora para venir a pesarse.

En otras palabras, que no nos satisfacen las matemáticas de lugar, como tampoco nos satisfacen cifras parecidas, que intentan explicar la razón por qué, durante el primer mes del posoperatorio de una cirugía bariátrica, se pierdan más de sesenta libras, debido: a que "el organismo recibe menores cantidades de comida".

Esto, nos parece absurdo.

La razón para lo último son bastante complicadas, como en otras entradas explicaremos.

Mientras tanto, usemos otro sistema para tratar de entender la situación de Mario.

Una libra aumentada — de acuerdo a los dietistas — representa un exceso de 3,500 calorías consumidas sobre las calorías utilizadas.

Usando esta simple fórmula concluimos lo siguiente:

  • 3,500 calorías/libra multiplicadas por los 365 días de un año = 365 libras aumentadas, si el año no es bisiesto.

  • En diez años, el paciente habrá ganado 3,650 libras, más las añadidas por cada 29 de febrero durante ese período. (Para leer más: http://www.monografias.com/trabajos90/libre-albedrio-enfermedades-y-neurociencias/libre-albedrio-enfermedades-y-neurociencias)

No estamos del todo satisfechos con estas explicaciones, ¿verdad?

Entra en la escena Ethan Allen Sims

Ethan Allen (1738-1789) fue un patriota y héroe de la Guerra Revolucionaria Norteamericana.

Ethan Allen Sims, al que, en seguida conoceremos, es un nieto.

Ethan Allen Sims, investigador norteamericano, estaba interesado en determinar si de veras existían diferencias metabólicas entre los flacos y los gordos, para aplicar esos conocimientos al tratamiento de la obesidad y la diabetes.

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Los gordos felices

Eso fue, años antes de que tuviéramos que confrontar la globesidad epidémica.

Sims empezó a desarrollar sus ideas, con cuatro estudiantes universitarios para ver si ellos podían ganar sobre un 20% de su peso inicial, comiendo deliberadamente, en exceso.

Los estudiantes consumieron enormes cantidades de comida, mientras mantenían sus labores escolásticas y actividades normales extracurriculares.

De manera sorprendente, para todos, comiendo así, les fue muy difícil añadir más de un escaso 10% sobre el peso original.

Este experimento abortivo, los hizo comprender que el aumento y la pérdida de peso, no pueden explicarse simplemente por el número de calorías consumidas.

Sims, no se dio por vencido en su búsqueda quijotesca.

Se preguntó, ¿dónde podía encontrar un grupo de hombres jóvenes, delgados, sin antecedentes familiares de obesidad, y con un estilo de vida plácida y circunscrita, que los mantuviera relativamente inactivos mientras se sobrealimentaban?

Monjes o prisioneros, fue la respuesta

Pero, todo el tiempo, prisioneros han sido más fáciles de obtener que monjes, aunque, algunos los agruparían juntos.

En el 1964, Sims, abordó el asunto con Robert G. Smith encargado de la prisión estatal de Vermont, para el "proyecto de la sobrealimentación controlada".

Habiendo dispuesto de un área especial dentro de la penitenciaría para conducir la prueba, Sims se puso manos a la obra.

Grupos de voluntarios encarcelados se sometieron a un experimento, determinados a ganar entre veinte y treinta libras en 200 días.

¡No, cuatro en un sólo día, como Mario lograra!

Por los seis meses y medios asignados, los participantes en el estudio comieron "heroicamente", dijo Sims.

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Los "weight watchers" del futuro…

Desde el principio del estudio, y para maximizar el aumento de peso, las actividades físicas de los voluntarios fueron limitadas.

Ganar de peso, fue muy difícil de lograr, pero, eventualmente, 20, de los 100 prisioneros en el experimento, alcanzaron la meta.

Para hacerlo, todos habían más que doblado la cantidad de comida que, normalmente, consumían.

Sólo dos de los voluntarios encontraron que les fue fácil ganar de peso.

Pero, una vez que llegaron al objetivo establecido, todos tenían que comer vorazmente, para no perder el peso extra, que habían acumulado.

Se había estimado, de antemano, que con sólo unas doscientas calorías extras, todos podrían mantener el nuevo peso adicional.

En su lugar descubrieron que se requerían unas 3,000 calorías suplementarias para lograr hacerlo.

Pero, antes de alcanzarlo, para poder ganar de peso, muchos de los voluntarios consumieron entre siete y diez comidas al día.

Un prisionero que ganó fácilmente las veinte libras, yendo de 118 a 138 libras de peso, tuvo que consumir entre siete y diez mil calorías adicionales al día para mantener su nuevo volumen.

Aunque la salud, para todos, era estable, muchos de los voluntarios, "sufrían angustia" cuando pensaban en las comidas a ellos asignadas.

Todos contemplaban el desayuno aprehensivamente — quizás por ser comida superflua — muchos de ellos regurgitándolo de manera espontánea. (Véanse mis artículos al respecto).

Durante el punto más alto de su sobrepeso, todos los participantes estaban letárgicos, carentes de iniciativa y apáticos o deprimidos.

Cuando el experimento concluyó, todos perdieron el peso acumulado, sin esfuerzo aparente, excepto por los dos voluntarios que lo ganaron con facilidad.

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Este experimento confirmó, una vez más, que la fisiología humana está regida por una tenacidad implacable, en lo que al peso concierne.

De día a día, el hipotálamo ajusta el hambre y el metabolismo para mantener la homeostasis del cuerpo.

Existen algunos otros estudios interesantes, como el de Sims, que demuestran —como hemos expresado en otras ponencias — que es verdad, que existen algunas personas para quienes les es difícil ganar de peso y engordar.

¿Quiénes son esas personas?

¡Sorpresa!

Esas personas somos usted y yo…

La gordura, como todo incremento de peso permanente, siendo una mal-adaptación, será opuesta tenazmente por el organismo, vía sus centros regulatorios hipotalámicos.

Pero, una vez que esos centros han sido desorganizados por factores ancilares, la obesidad se establece para ejercer su despótico control.

No hay que ser gordos, pero para no serlo en ésta, la edad de los excesos gastronómicos, hay que entender las "tácticas" que el "enemigo" emplea.

El hipotálamo no es un malabarista, todo lo que hace, normalmente, es balancear la cantidad de energía que consumimos con la cantidad de energía que utilizamos en actividades físicas.

Dentro de ese equilibrio, permanecemos estables.

Entendamos aquí, que el hipotálamo no se ajusta al sistema fiduciario o fiscal

La habilidad del apetito para compensar por los cambios en la actividad física ha sido demostrada reiteradamente.

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En otro estudio más antiguo, una docena de cadetes británicos fueron investigados durante las dos primeras semanas de julio del 1953 por el fisiólogo O. G. Edholm de la Universidad de Cambridge.

Su grupo trató de examinar todo lo que los cadetes comieron, y todo lo que hicieron, para, entonces, comparar los dos valores obtenidos, y, determinar, cómo todo se balanceaba.

La vida militar estructurada, permitió a los investigadores obtener determinaciones precisas.

Todo lo que los cadetes comían se pesaba, como asimismo eran pesados lo que dejaban en sus platos.

Determinaciones precisas, entonces, se hacían del número de calorías en todo lo que habían consumido, y se archivaban.

Las energías físicas usadas por los estudiantes, durante el día, fueron igualmente registradas.

Los cadetes, por su parte, mantuvieron su propio record de todo lo demás que hicieron durante la jornada.

El resultado final fue que, por un periodo de dos semanas, esos 20 hombres de peso normal consumieron precisamente toda la energía necesaria para balancear, la energía gastada.

Y, lo hicieron, sin pensarlo.

Así es cómo el hipotálamo regulariza el balance energético de nuestro cuerpo, y, como no tenemos que hacer decisiones conscientes para mantener nuestras glicemias, ritmo cardíaco y termorregulación estables.

Entonces, encontramos el oxímoron de una vieja, palabra nueva:

Luxuskonsumption, que es un término adaptado del latín para significar lujuria o exceso.

Luxuskonsumption

Es un vocablo antiguo que hace referencia a la desproporción de consumo de grasa que resulta de la termogénesis inducida por las dietas. (Para leer más: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1548238/).

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Más…

Retornando a las experiencias de Sims y de tantos investigadores que han determinado que es muy difícil, tanto perder, como ganar de peso bajo circunstancias normales, porque nuestros mecanismos homeostáticos lo oponen.

Pero, aquí estamos hablando de lo que sucede cuando un animal, que vive sometido a los rigores y demandas de una vida equilibrada — desde antes de su nacimiento hasta la muerte — y a una vida en la que no existen razones para temer, de modo perentorio, que la escasez de comida y el hambre son, ni crónicos ni inminentes, como es el caso de muchas de nuestras poblaciones indígenas o residentes del mundo civilizado.

Un animal que no teme la muerte por la inanición.

Estamos hablando de nosotros mismos.

La luxuskonsumption y el exceso de calorías determinan que en nuestra situación actual, el hipotálamo ha sido bombardeado con calorías excedentes, no por unos varios meses, sino por años, aún antes de que los individuos afectados fueran concebidos.

Sus abuelos y sus padres, antes que ellos, fueron sujetos a las presiones adaptivas de combatir la obesidad que empezara, como tendencia — resultado de la alteración producida en el cuerpo por los fast food y el azúcar en exceso — después de la II Guerra Mundial.

Nuestra sociedad abandonó las actividades deportivas a favor de la televisión, del Nintendo y de los otros juegos de arcada que tanto predominan.

Nuestros hábitos de comer perdieron su selectividad natural a favor del consumo de cereales y golosinas atiborradas de azúcares.

Los niños de ambos sexos, alimentados de esta manera, se desarrollaron más jóvenes llegando a la pubertad a edades muy avanzadas, con este fenómeno la obesidad progresó.

Con el avance de la sexualidad prematura, el "juego de muñecas", se tornó en el juego de la experimentación sexual con el abandono consecuente de las actividades típicas del niño inmaduro, normal.

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Las formas de la gordura

De la pubertad avanzada nos recordamos de las palabras proféticas del Rey Luis XV, Après moi, le déluge.

Comiendo como comemos, hemos logrado — sin necesitarlo — hacer un spandrel epigenético de la gordura, la que se transmite de manera memética, como, posiblemente los insectos y las bacterias adquieren y transmiten, a generaciones futuras, sus capacidades adaptivas contra los venenos que los confrontan.

La metáfora de la Reina Roja, ya, por nosotros, descrita.

El antropólogo Marvin Harris, en su obra monumental Our Kind, nos alerta del hecho de que la razón por la cual la gordura que nos azota persiste es porque la Naturaleza no ha gozado del tiempo requerido para lograr hacer las mutaciones adaptivas por medio de la selección natural para eliminarla.

De manera menos optimista, el antropólogo y psiquiatra Melvin Konner, nos aconseja del hecho de que, para no engordar, tenemos que aprender a pasar un "poquito de hambre".

Lo dice, porque actualmente, comemos muchísimo más de la cuenta.

Por ello lo dice…

En la selección natural, para algunos animales y para su supervivencia, aún en climas cálidos — como sucede a los leones marinos y las focas en las Islas Galápagos — la retención de cantidades abundantes de grasa parece ser adaptivo, por esa razón mantienen sus reservas adiposas, aún bajo el sol inclemente del ecuador.

Pero no lo es así para nuestro género.

Por ello es que hoy pagamos el precio de la globesidad epidémica de la que tanto hablamos, aunque poco hacemos y menos logramos para resolverla.

El tratamiento de la gordura, del modo como actualmente lo concebimos, paralela la visión profética de Freud que, si bien puede que sea "terminable", nosotros, por nuestras propias acciones, hemos logrado hacer del mismo una proposición "interminable".

Las razones para lo último son muy obvias. Cuando no se sabe lo que se busca, no se entiende lo que se encuentra.

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Termogénesis

¿Qué sucede cuando "creemos" saber las causas de algo, sin, necesariamente saberlas?

Leo Kanner concibió su hallazgo del niño autista como un verdadero ejemplo de los estragos que "madres refrigeradoras" — en su opinión — podían infligir a sus recién nacidos, con quienes no establecían contacto afectivo.

Esa noción — no tan inocente — desató una avalancha de artículos en los que la madre se consideraba "culpable" por ser causante de esta condición.

Hacen años que hubo un término en uso — cuyo significado es obvio — y que, aquí recordamos: las "madres esquizofrenogénicas".

En el último caso, de ser cierto, pudiera hablarse de Nature plus Nurture…

Lo del autismo será reservado para otra entrada.

Prosiguiendo

Freud concibió las neurosis como contiendas instintivas entre agencias de la mente que oponían la emergencia de impulsos reprimidos dentro de la esfera de la consciencia.

El psicoanálisis se diseñó como la única de las terapias capaz de resolver y hacer aceptables esos conflictos para quienes los sufren, por medio de sus técnicas arraigadas en el desarrollo de un fenómeno conocido como la neurosis de transferencia.

Lo que permaneció problemático fue que, muy a menudo, la cura no era ni completa ni permanente.

Aquí confrontamos una situación bastante parecida con el tratamiento de la obesidad, en la que los métodos comunes recomendados: dieta y ejercicio no bastan.

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Dieta de yo-yo

Entonces tenemos formas extremas de esta condición en la que hoy se aplican las cirugías bariátricas.

En tiempos pasados fueron la lobotomías, que, aparentado ser inocuas al principio, terminaron siendo desastrosas.

Como antes dijéramos: el desparpajo de cortar un órgano funcional y sano para remediar un problema cuyas causas desconocemos.

En resumen

La cura de la gordura — como la del autismo y el Asperger — permanecerá tan imposible como elusiva, hasta que todos sus factores etiológicos sean resueltos.

Mientras tanto, debemos de admitir que el tratamiento permanente de la obesidad es asunto complejo que va muy lejos de la simple manipulación dietética, o el "examen del ADN", ya que aun no entendemos la razón por la pérdida de peso que ocurre en las cirugías bariátricas.

Bibliografía

  • Larocca, FEF: La Gordura Terminable e Interminable: Los Métodos para Adelgazar y el Futuro de una Ilusión en monografías.com

  • Larocca, FEF: El Libre Albedrío: Enfermedades y las Neurociencias en monografías.com

  • Larocca, FEF: Los Enigmas de la Obesidad: Sus Causas en monografías.com

  • Larocca, FEF: Los Enigmas de la Obesidad: Sus Curas en monografías.com

  • Larocca, FEF: Economista: Alquimista en monografías.com

  • Larocca, FEF: La Memética y el Meme: ¿Conceptos Científicos o Ideas Míticas? en monografías.com

  • Bennett, W and Gurin, J: (1982) The Dieter"s Dilemma Basic Books

Para una selección muy amplia de artículos acerca de estos temas: http://www.monografias.com/cgi-bin/search.cgi?substring=0&bool=or&nb=1&query=obesidad+larocca&buscar=Buscar

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Autor:

Dr. Félix E. F. Larocca